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ES FÁCIL ORAR EN NAVIDAD

 

    No hacen falta palabras para orar en Navidad… ¿Qué palabras le dirás a un niño? Pocas, y muy tiernas: Te amo… Niño mío… Ricura de Dios… Guapo…

    Pero, por encima de todo eso, en estos días santos oramos con los ojos. Así oraba la Virgen María: miraba al Niño y se dejaba cautivar. Ésa, y no otra, es la oración de la Navidad: abrir bien los ojos, llenar el alma con la imagen de un Dios de rodillas, agachadito, enternecido y loco de Amor por el hombre. Contemplar asombrados, y en silencio, a ese Dios que tirita, que moquea, que llora y que agarra con fuerza el dedo del hombre en sus manitas. No digas nada, que ahogarás con tu ruido a la Palabra pronunciada en voz baja por tu Hacedor. Sólo mira, mira y mira hasta que esa imagen derrita en tu alma las costras causadas por el pecado.

    Si la grandeza de Dios hace estremecer al hombre en un vértigo, la pequeñez de Dios sobrecoge hasta las lágrimas. ¿Cómo es posible, Señor mío, que estés tan humillado, tan rendido, tan postrado a los pies de una criatura formada con barro de la tierra? No busques respuestas; no las encontrarás. Sólo calla, mira, y escucha a la Palabra, que, en Navidad, es el “te quiero” de Dios.

    No te obsesiones con la ofrenda; ya sabemos que nada tienes. Abre ante el Niño Dios tu corazón de hombre, y deja, simplemente, que Él lo llene con ese Amor que ha venido a traerte desde el Cielo. Ésa será tu mejor ofrenda.

    Y, mientras tanto, calla… Calla y mira. Porque a la Palabra sólo el silencio puede recibirla.

    Si sientes que las lágrimas se agolpan en tus ojos, llora. Y que ese llanto purifique corazón y alma hasta volverlos estanque de Dios.

    ¿Ves como es fácil orar en Navidad?

José-Fernando Rey Ballesteros