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Holywins: Rod y Tod Flanders contra los zombis

    Cada año que pasa se oye hablar más del Holywins como alternativa “piadosa” al tenebroso “Halloween”. Y es que la ola de flandersización del catolicismo continúa imparablemente su avance. Afortunadamente, es una ola de poca altura y menor alcance. ¡Ay de nosotros, si acabamos en manos de Rod y Tod vestiditos de santos por la calle mientras las calaveras, brujas y demonios la emprenden con ellos a huevazos!

    Sobra candidez, y falta astucia. Vuelan las palomas, pero han perdido el contacto con la tierra que les aportan las serpientes. Porque el Holywins que quieren implantar puede ser una gran idea y una magnífica catequesis en los colegios de monjas. Pero cuando en un colegio público se ha pedido a todos los niños de la clase que vengan disfrazados de demonios, de brujas y de zombis, ¿qué efectos creen ustedes que tendrá la aparición de Rod y Tod Flanders vestidos de san Patricio y san Pedro de Alcántara, respectivamente?

    No hay soluciones fáciles, y, de entre ellas, la peor es la solución Flanders. En primer lugar, es preciso que expliquemos en las parroquias los peligros reales de la simbología satánica y la iconografía de las tinieblas. Más ingenuo aún que el niñito que acude vestido de san Pedro de Alcántara para que se lo coman los zombis es el que va a clase vestido de demonio sin saber que esos trajes se pegan al alma. Urge alumbrar con información sólida las repercusiones de esa anti-fiesta del Demonio que es el Halloween.

    Una vez suministrada la información, convendrá sugerir pautas de conducta para quien desee estar lo más lejos posible de esas influencias negativas. Y, en este terreno, no debemos olvidar que dialogar con los demonios es siempre malo. Así comenzó Eva, y ya ven cómo terminó la cosa. Arrojarles santos a la cabeza a los zombis es casi una provocación al martirio, y la provocación al martirio ha sido siempre tenida por temeridad e insensatez.

    Por tanto, ¿cómo debe enviar una madre a su hijo al colegio público en el día en que todos los niños van disfrazados de cadáveres y satanases? Muy sencillo: en chándal. Y si la profesora de turno le pregunta al crío por qué no se ha agenciado un trajecillo de Lucifer, habrá que enseñar al niño a ser valiente sin necesidad de imitar a Rod ni a Tod, y a responder: «vengo en chándal porque no me da la gana de venir vestido de mamarracho. En mi casa no nos gusta lo feo ni por un día al año».

José-Fernando Rey Ballesteros

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