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Rezando al revés

Jesús no ha venido –así nos dice hoy- a hacer su voluntad, sino la voluntad de Padre, que le envió. Por eso también a nosotros nos enseñó a pedir, en el Padrenuestro: Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Él, como hombre, obedeció a Dios en la Tierra del mismo modo que los ángeles le obedecen en el Cielo. Y así fue dócil en sus manos, llevó a cabo su obra, y volvió al Padre sin haber hecho otra cosa que obedecer amorosamente, como Hijo amado. Por eso la voluntad de Dios se hizo y el Género Humano quedó redimido.

¿Y tú? ¿Crees lo que dices en el Padrenuestro? ¿Procuras, como Jesús, obedecer siempre, de modo que, cuando mueras, no hayas llevado a cabo tu obra -¡vaya chapuza!- sino la de Dios? ¿Te sometes libremente a un director espiritual? ¿O quizá toda tu oración es para mover a Dios a secundar tus planes? “¡Señor, que me salga bien esto… y esto otro!” O sea –seamos francos-, “que Dios haga mi voluntad en el Cielo, como ya me encargo yo de que los que me rodean la hagan en la Tierra”. Me parece que estás rezando al revés…

(TP03M)

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