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Y esta cuaresma, ¿qué?

    Esta cuaresma, Dios. No hace falta más.

    Precisamente por eso, porque no hace falta más, podemos liberarnos de falsas necesidades y ataduras inútiles que prometen darnos vida y nos desposan con la muerte. Un cristiano que no ha experimentado en su alma el «sólo Dios basta» no ha gozado de su fe.

    Hay millones de dependencias que esclavizan, y sólo una que libera: Dios. Atrévete a enfermar de «Cristodependencia», que es lo mismo que padecer mal de Amores o que decir, con la esposa del Cantar de los Cantares: Enferma estoy de amor (Ct 2, 5). ¡Bendita enfermedad, que sana toda dolencia! Para ello, acude a misa y comulga todos los días, lee cada mañana el Evangelio antes de desayunar, confiesa tus pecados con sencillez y regularidad, y pasa unos minutos ante el sagrario cada jornada. En poco tiempo, tu alma se habrá adherido al Hijo de Dios de tal manera, que ya no podrás pasar un minuto sin Él. Elige la vida, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, pegándote a Él (Dt 30, 20).

    Atrévete a no comer entre horas. Nadie ha muerto aún por privarse de una cerveza, de una tapa, o de un dulce. Palabra.

    Atrévete a rebajar a la mitad la dosis diaria de  televisión. Nadie ha enloquecido a causa de un apagón televisivo. Dedica el tiempo que vertías en la caja boba a la lectura de algún libro que alimente tu espíritu (como Cristo en su pasión, por ejemplo).

    Atrévete a apagar la música mientras conduces. La falta de sonido no está entre las mayores causas de accidentes automovilísticos, te lo aseguro. También te aseguro que se puede conducir hablando con Dios o rezando el rosario.

    Atrévete a no hablar de ti mismo. Nadie se ha desvanecido aún en la nada por no ser popular entre los amigos. A cambio, muéstrate tal como eres ante Dios, con confianza de hijo. Comprobarás entonces que, para Él, eres el nº 1.

    Atrévete a interesarte por los demás. Nadie se ha electrocutado todavía por escuchar con atención problemas ajenos. Y, mientras tus seres queridos te cuentan sus cuitas, reza por ellos en tu interior.

    Atrévete a ser generoso con tus limosnas. Todavía no he recibido a nadie en Cáritas parroquial que se haya quedado en la indigencia por dar limosna. Te lo aseguro. Y, además, puede que así compruebes que no eras tan pobre como pensabas; simplemente, te habías creado muchas necesidades falsas.

    En resumen: atrévete a poner en práctica el «sólo Dios». Ahí tienes tu cuaresma de este año.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

“Cristo

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