Evangelio 2021

                                

Éste es, ya, el sexto volumen con los comentarios al evangelio de la misa, que comenzaron a publicarse en 2016. Pero sólo Dios es capaz de pronunciar, una y otra vez, la misma palabra, y decir, en cada ocasión, algo distinto. Dos mil años lleva la Iglesia profundizando en la Escritura, y aún no ha hecho sino comenzar a atisbar el misterio que encierra. No existe, en la Historia de la Humanidad, un libro como la Biblia. Sólo ella es Palabra viva que da vida.

No dejes nunca de meditar los evangelios. Busca, en ellos, la Humanidad santísima de Cristo, y, una vez encontrada, adéntrate, a través de ella, en la contemplación de su divinidad. No te cansarás jamás.

Este pequeño libro quiere ayudarte en esa tarea. Cada lectura del evangelio va seguida de un breve comentario, de apenas doscientas palabras, que quieren dejar paso a silencios mucho más elocuentes. Te sugiero, querido lector, que no te conformes con leer. Terminada la lectura, calla y mira. Deja que lo que has leído encuentre eco en tu alma, y saborea ese eco como si tuvieras miel en los labios. No te pido que te enamores; te pido que te dejes enamorar.

Tenéis la edición digital disponible, como siempre, en Amazon y en Apple Books, al precio de 0,99 €. Y la extraordinaria edición en papel de Cobel la tenéis al precio de 4,95 €, con insuperables ofertas y rebajas.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

Misterios de Navidad

                                

Aunque el santo rosario no sea una oración litúrgica, sus misterios se entrelazan con la liturgia como la respiración se entrelaza con la vida. Cualquiera que rece diariamente esas avemarías conoce el relieve que cobran los misterios dolorosos en Cuaresma y Semana Santa, los gloriosos en Pascua, los luminosos en Tiempo Ordinario… y los misterios gozosos en Navidad.

Este libro, que no es sino una contemplación de los misterios gozosos del rosario, está escrito pensando especialmente en la Navidad. Pero, al igual que rezamos los misterios gozosos del rosario en cualquier época del año, también pueden estas páginas ser leídas y meditadas en marzo, en agosto o en noviembre.

No encontrarás aquí demasiados consejos morales. El libro está escrito, simplemente, para ayudarte a contemplar aquellos primeros años, cuando apenas nadie, salvo María y José, conocían la maravillosa noticia de un Dios revestido de carne humana.

El misterio es una realidad que nos abre su entraña para que podamos sumergirnos en ella. Al Espíritu le pido que te conceda, conforme leas estas páginas, la gracia de adentrarte en las alegrías y dolores de estos misterios que, por lo que supusieron para sus protagonistas, y lo que suponen para ti, han sido llamados «gozosos».

Tenéis la edición digital disponible, como siempre, en Amazon y en iTunes, al precio de 3,49 €. Y la extraordinaria edición en papel de Cobel la tenéis al precio de 14,95 €.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

Prisas, pandemia y santidad. ¡Menudo trío!

La velocidad a la que estamos viviendo es difícilmente compatible con la santidad. Porque la santidad es, ante todo, contemplación que da como fruto una entrega generosa, y el ritmo de vida de Occidente, además de no permitir la contemplación ni el silencio, aboca al hombre, necesariamente, al egoísmo. Pedirle, a quien tiene «tantas cosas que hacer y tan poco tiempo para hacerlas», que piense en los demás es pedir demasiado.

A la vez, en la Iglesia continuamos, desde hace muchos años, empeñados en «sorber» y completamente negados para «soplar». Parece que el único afán que tuviéramos fuera llenar templos y salones parroquiales, aunque sea con personas que desconocen la fe y el Amor de Dios. Pero ninguna de esas personas, capaces de pasar horas entre los muros del lugar sagrado, pierde un solo minuto de su tiempo en acercarse a trabar amistad con quienes no creen y contagiarles el amor de Cristo. El resultado es decepcionante: nos movemos a toda velocidad con el único objetivo de formar «beatos», pero nos hemos olvidado de formar santos, es decir, apóstoles que se adentren en el mundo en busca de la oveja perdida. Nos obsesionamos con llenar templos, y hemos olvidado que debemos poblar la tierra.

Me parece ver claro que el confinamiento que sufrimos en marzo y abril fue una cariñosa «zancadilla» de Dios. Pero también me parece ver claro que nada hemos aprendido. Apenas terminó el confinamiento, nos hemos empeñado en recuperar la velocidad que teníamos antes. Lo peor es que, ahora, seremos nosotros quienes tropecemos, sin necesidad de zancadilla alguna; no parece que esa velocidad favorezca, precisamente, el cese de la pandemia.

La conversión necesaria es profunda. Hubiera requerido que el tiempo de confinamiento se hubiese empleado en reflexionar y contemplar. Pero, en lugar de ello, nos lanzamos a la comunicación digital con ansiedad de adolescentes.

Espero que no tenga que suceder lo mismo siete veces, como en Egipto, para que dejemos escapar a las almas del cautiverio de las prisas en el que las tenemos encerradas. Le pido a Dios que, si hay un segundo confinamiento, no cometamos en él los errores del primero.

No tienen que cambiar las cosas un poco. Tiene que cambiar todo. Es urgente crear un clima propicio para la contemplación y el trabajo sereno, un clima donde puedan florecer santos que formen santos, un clima donde la gracia de Dios pueda fluir como agua tranquila, y no quede estancada en salones mal decorados y peor ventilados en los que los cristianos parecemos gozar reuniéndonos durante horas.

Así se lo pido a Dios. Yo también necesito la ayuda del clima para contemplar. La necesito urgentemente.

Evangelio 2020

                                

Muchos se preguntan qué hacer para escuchar a Dios. Quizá imaginan que el Señor habla un lenguaje extraño, o en una frecuencia distinta a la que empleamos nosotros para comunicarnos, y creen que es necesario aprender una técnica que les permita captar sus palabras. Como siempre, complicamos demasiado las cosas. Y Dios, sin embargo, es la sencillez más asombrosa. Dios habla como tú y yo. Cada día, la sagrada liturgia nos trae su palabra en el evangelio de la santa Misa. Basta con escucharla, o leerla, para saber lo que el Señor te está diciendo en cada jornada. Y ojalá, además de escucharla, la meditemos, la creamos y la guardemos.

Este libro quiere acercarte esa palabra de Dios de cada día, junto con un breve comentario que te ayude a hacerla tuya y llevarla a tu vida. Si te acostumbras a leerlo cada mañana, o cada noche, puedo prometerte algo más: cuando te hayas familiarizado con la palabra de Dios, y hayas dejado que forme parte de ti, un día, sin que te des cuenta, te sorprenderás escuchando también sus silencios. Pero de esos silencios yo no puedo hablarte. Te acerco su palabra; y, lo demás… entre Dios y tú.

Tenéis la edición digital disponible, como siempre, en Amazon y en iTunes, al precio de 0,99 €. Y la extraordinaria edición en papel de Cobel la tenéis al precio de 4,95 €, con insuperables ofertas y rebajas.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

Evangelio 2019

            

El Evangelio es un pozo sin fondo. La Iglesia, que siempre se ha mirado a sí misma en la Virgen, lleva dos mil años meditándolo, y aún no ha hecho sino empezar a conocerlo. En cada época surgen sentidos nuevos, nuevos anuncios, luces nuevas…

El que, por cuarto año consecutivo, aparezca una nueva versión de estos breves comentarios a los pasajes evangélicos proclamados en la misa diaria no tiene nada de extraño. Lo extraño sería que alguien pensara que no hay nada más que meditar ni anunciar sobre unos textos miles de veces leídos.

Te lo digo especialmente a ti, lector: jamás, ante un pasaje evangélico, pienses que ya lo has escuchado o leído suficiente. Porque esas líneas guardan una infinidad de tesoros esperando a que los descubras tú. Tampoco te conformes con las palabras que leas en este libro. Ojalá te sirvan de ayuda para que tú, en tu diálogo íntimo con Cristo, descubras sentidos nuevos y nuevas luces que son sólo para ti.

Pídele al Espíritu el don de entendimiento cuando medites las Escrituras. Y si, además, estos breves comentarios pueden ayudarte, cuenta con ellos un año más.

Tenéis la edición digital disponible, como siempre, en Amazon y en iTunes, al precio de 0,99 €. Y la extraordinaria edición en papel de Cobel la tenéis al precio de 4,95 €, con insuperables ofertas y rebajas.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

El Mar de Jesús de Nazaret (El Lago de Galilea en los relatos evangélicos)

He escogido el Lago de Galilea como motivo para este libro porque se trata de un escenario especialmente evocador en la vida de Cristo. Cuanto allí sucedió, cada gesto y cada palabra, parecen cuidadosamente escogidos por Jesús como parte de lo que fue la primera catequesis de la Historia.

Esas aguas hablaron al Hijo de Dios, y Él quiso servirse de su elocuencia como de un acorde que acompañara su enseñanza. Al igual que el Monte Tabor o el Huerto de los Olivos, fue un escenario buscado a propósito por Él. Cuando allí estuvo, nada dejó Jesús al azar: cada gota de agua y cada golpe de viento forman parte de una sinfonía divina.

En la primera parte del libro, dejaremos hablar al escenario: las orillas, la barca de los pescadores, las tormentas, la noche, la pesca… Después, en la segunda parte, contemplaremos siete escenas que allí tuvieron lugar: la oración de Jesús al amanecer, el discurso pronunciado desde la barca de Pedro, la primera pesca milagrosa, la llamada de los cuatro primeros a orillas del lago, la tormenta calmada, la visión del Señor caminando sobre las aguas, y, finalmente, la aparición de Jesús resucitado y su reencuentro con Pedro.

Podéis adquirir la edición digital del libro en Amazon o en iTunes al precio de 3,49 €. La edición en papel, publicada por la editorial Cobel, la tenéis en este enlace, al precio de 12,99 €.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

El Acusador de nuestros hemanos

En el libro del Apocalipsis, el Demonio es también llamado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante Dios día y noche (Ap 12, 10). Con razón. «Satán» significa «fiscal». Y, en el libro de Job, Satanás tiene un puesto en la corte de Dios: precisamente, el del fiscal, el encargado de acusar a los hijos del Altísimo.

El acusador basa su alegato en hechos reales. Recoge cuanto encuentra de reprobable en el acusado, y se lo lanza a la cara a él y al juez. Pero quien sólo escuchase al fiscal recibiría una versión sesgada, y, por lo tanto, falsa, de la realidad. Es preciso escuchar también al abogado si se quiere conocer la verdad completa.

Cuando los medios de comunicación tan solo se refieren a la Iglesia para mostrar los terribles pecados de algunos sacerdotes, y lo hacen de manera insistente y reiterativa, esos medios de comunicación están realizando la labor del fiscal (¿cómo no ver detrás de esas campañas al «Acusador de nuestros hermanos»?). Dicen la verdad, porque los hechos que destacan en sus titulares son ciertos. Pero mienten, porque ofrecen una imagen sesgada de la Iglesia, como si, para mostrar mi casa, alguien se limitara a fotografiar el cubo de basura.

La Iglesia es mucho más que su cubo de basura. En la Iglesia hay miles y miles de hombres y mujeres que dan la vida generosamente por Dios y por sus hermanos. Religiosos y religiosas, sacerdotes y seglares, que, llenos de amor a Dios y al prójimo, entregan cuanto tienen sin esperar nada a cambio. En más de veintitrés años de sacerdocio, jamás he conocido un caso de pederastia o de abusos sexuales por parte de ningún sacerdote de mi entorno. A gran parte de quienes ahora leen estas líneas les sucederá lo mismo. No negamos que haya sucedido lo que está saliendo a la luz; pero debemos gritar que eso, ni es toda la verdad, ni es un fiel reflejo de la Iglesia que conocemos.

Cuando se culpa a la institución del celibato de semejantes crímenes, es preciso responder que quienes los han cometido no han sido, precisamente, personas que viviesen el celibato, sino hombres que han traicionado al celibato. La solución es la contraria: necesitamos sacerdotes que amen el celibato, que lo vivan gozosamente, y que, por eso mismo, sean hombres íntegros, dueños de sus pasiones y entregados a Dios y al prójimo con generosidad.

Bien está pedir perdón por lo que ha sucedido. Pero si toda nuestra respuesta se limita a avergonzarnos y pedir perdón, le acabaremos haciendo el juego al Acusador. Es preciso dar un paso más, y dejar hablar al abogado. Es necesario que hablemos de la Iglesia que conocemos cada uno: la que atiende a nuestros pobres, la que perdona nuestros pecados, la que catequiza a nuestros hijos. Es urgente que se hable, a grandes voces, de los sacerdotes que pasan horas en el confesonario, de los clérigos que viven entregados a sus feligreses, de los religiosos y religiosas que brillan por su pureza y alegría. Si no sale a la luz la belleza de la Iglesia (y esa belleza existe, vaya si existe), estaremos participando, nosotros también, en una mentira.

Junto a ello, el mejor desagravio: una campaña en favor de la santa pureza, un esfuerzo decidido de cada cristiano por borrar, con la limpieza de su castidad, la mancha repugnante con la que los lujuriosos han empañado el brillo de la Iglesia de Cristo.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

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