• Espiritualidad digital

La Santa Misa y el Divino Protocolo

La Santa Misa y el Divino Protocolo           portadapapelweb

    «No puede amarse lo que no se conoce. Muchos cristianos que tienen un conocimiento elemental de Dios y de su Hijo, y que aman realmente a Jesucristo, sin embargo desconocen por completo la esencia de la misa y el significado de sus ritos. Al no conocer, no pueden tampoco amar. Y la misa se vuelve opaca, densa, impenetrable… aburrida. Si fuera una película, diríamos que es preciso ser un héroe para soportar cada domingo la misma película, cuyo comienzo y final son siempre idénticos, en la que no hay acción, ni disparos, ni besos, y en la que lo único que cambia, de un domingo a otro, son unas lecturas difíciles de entender y una homilía que la mayor parte de las veces carece de interés.

    Tenemos muchos héroes en nuestras iglesias los domingos. Pero sería preferible llenar de santos los templos. Por eso, este breve libro quisiera aportar al lector medio un conocimiento básico sobre  la esencia de la misa y el significado de sus ritos. Sé que son miles los libros que han tratado de proporcionar lo que aquí se ofrece. Tomémoslo como un nuevo intento. Y valdría la pena intentarlo un millón de veces hasta conseguirlo, porque es tan precioso el Don que en la misa se derrama, que inspira mucha lástima el que tantas personas salgan del templo sin haberlo gozado.»

(De la introducción de La Santa Misa y el Divino Protocolo)

    Prácticamente, en estos dos párrafos, está todo dicho. Este breve libro quiere ser una ayuda para conocer los distintos ritos que conforman la Santa Misa, como una guía para recorrer la celebración eucarística aprovechando cada instante. Está escrito pensando en un cristiano a quien los sacerdotes conocemos bien: el feligrés de misa de doce. Pretenden estas páginas ayudarle a disfrutar de la celebración dominical y a abrirle horizontes que lo inviten a ir más allá, a una relación de verdadera pasión por la Eucaristía. Que lo consigan o no está por ver. He tratado de hacer amena la lectura, sazonándola con toques de humor, pero sin renunciar a calar hondo en los momentos en que es necesario.

    La edición digital está disponible en las plataformas habituales: iTunes y Amazon, por el precio de 2,99 €. La edición impresa corre a cargo de la editorial Cobel, y podéis adquirirla aquí por el precio de 12,50 €.

    Si este libro pudiera ayudar a alguien, al menos, a gozar un poco más y un poco mejor del acontecimiento más relevante en la vida de un cristiano, daré por bien empleado el tiempo y el trabajo que me han costado escribirlo. Espero que así sea…

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

Evangelio 2016

Evangelio 2016

   No es tan difícil escuchar a Dios. Lo que ocurre es que mucha gente ignora que a Dios se lo escucha con los ojos.

   Por ejemplo: cada día del año nos regala el Señor unas palabras, un discurso con el que su voz marca esa hoja del calendario. Si no las escuchamos, la jornada siguiente habrá otras, pero ésas las habremos perdido. Me estoy refiriendo al evangelio de la misa diaria. De poco aprovecha escucharlo con el oído durante la celebración eucarística, si antes no lo hemos escuchado con los ojos y con la fe mediante una lectura atenta y meditada de esas palabras.

   Este libro quiere ser una ayuda para quienes desean escuchar a Dios cada jornada. Contiene la lectura del evangelio correspondiente a todos los días del año 2016. Y, junto a esa lectura, unas breves palabras que puedan ayudar a su meditación.

   Está escrito, principalmente, para seglares que viven y trabajan en este mundo y en este tiempo, en 2016. Por eso se publica en papel –la magnífica edición de Cobel puede tenerse en la cómoda, junto a la cama– y en formato digital –para hacer fácil su lectura en el tren, en el metro o en el autobús (conductores de automóvil, abstenerse, por favor)–. Bastan cinco minutos para leerlo cada día o cada noche. Las restantes 23 horas y 55 minutos del día… Dependerá de cómo se hayan empleado y aprovechado, con la ayuda de Dios, esos cinco minutos.

    Los textos están tomados de artículos de mi blog «Espiritualidad digital» (www.espiritualidaddigital.com)

   La edición en papel la podéis adquirir en la web de la editorial Cobel al precio de 5,95 € o en vuestra librería más cercana (si no está allí, encargadla y la traerán). La edición digital la tenéis en las plataformas de iTunes y Amazon, como de costumbre, al más que asequible precio de 0,99 €.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

Tratados de san Pedro Damián (Volumen I), ya a la venta

San Pedro Damián

   El siglo X ha sido uno de los más oscuros en la Historia de la Iglesia. Con razón ha sido llamado «siglo de hierro». La corrupción moral anidó en la jerarquía eclesiástica de tal forma que es milagro el que la Esposa de Cristo sobreviviese a una época como aquélla.

   Este milagro, que comenzaría a mostrarse como un atribulado amanecer de reforma moral durante el pontificado de Gregorio VII (1073-1085), comenzó a realizarse, antes que en la cúpula de las jerarquías eclesiásticas, en la base del mismo Templo, en personas sencillas que, iluminadas por Dios, fueron llamadas a sanear todo el edificio a través de su vida penitente y de su santidad personal. Ya en el siglo X surge san Romualdo, a quien tanto debe el autor de estos tratados. Y en el siglo XI, además de los recién nacidos los monjes de Cluny, despunta la figura de san Pedro Damián.

   Canonizado en 1828 por León XII, y nombrado doctor de la Iglesia, sus muchos escritos han permanecido escondidos al público español, salvo para aquéllos que estuvieran dispuestos a leerlos en el latín original. Esta traducción de sus tratados es un intento de poner en manos de los cristianos de habla española el espíritu de un santo en el que Dios quiso mostrar al mundo que una vida penitente y entregada a Él puede renovar la Iglesia de manera escondida, silenciosa y –desde luego– eficaz.

   Para la traducción me he servido de los textos de la Patrología Latina de Migne. Los pasajes confusos he procurado aclararlos en notas al pie. También he reseñado a pie de páginas las citas bíblicas, que muchas veces son inexactas o imprecisas en el original. No obstante, he mantenido en el cuerpo del texto la cita original, consignando en las notas la cita exacta. También aclaro, cuando es necesario, en notas, algunos datos históricos que puedan ayudar al lector a comprender el contexto en que está escrito cada tratado.

   En este primer volumen ofrezco los seis primeros tratados del santo. Quisiera dedicar un segundo volumen exclusivamente al Liber Gomorrhianus, dada la importancia de este opúsculo. El resto de tratados irán siendo publicados en los restantes volúmenes, agrupados según permita su extensión.

   Estos seis primeros tratados son, sobre todo, de carácter dogmático y moral. Todos ellos están fuertemente arraigados en los problemas de la Iglesia en el s. XI: los restos de las herejías arriana y monofisita, que enturbiaban la comprensión de los misterios de la Trinidad y la Encarnación, las disputas con el judaísmo, y la corrupción del clero a causa de la simonía y el nicolaitismo. El sexto tratado, el más extenso de todos los escritos por el santo, aborda con verdadera profusión de datos y argumentos la perversa y extendida costumbre de la simonía, esto es, el comercio con las órdenes sagradas.

   Agradezco al P. Diego Isaac Cadena Vallejo, C.S.J. la traducción de la Vida del santo escrita por su compañero y discípulo san Juan de Lodi. Ha sido una contribución francamente útil para enriquecer los prolegómenos de este primer volumen.

   He procurado hacer la traducción lo más accesible que he podido al lector medio, aunque para ello haya tenido que despegarme ligeramente, en algunas ocasiones, del texto literal. No obstante, ha sido mi intención, en todo momento, no omitir nada de lo dicho por el santo, ni añadir nada a sus palabras.

   El libro se encuentra, de momento, sólo en formato digital. Está disponible en las plataformas de iTunes y Amazon por el precio de 9,99 €. Confío en que pueda ser de ayuda para quienes buscan, en nuestros padres en la fe, las huellas de un camino que, aún hoy, sigue siendo el más recto para llegar a Dios: la santidad personal.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro

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«La Resurrección del Señor», nueva edición en papel y digital

La resurrección del Señor        La resurrección del Señor

   «La resurrección del Señor» se publicó en abril de 2000, en la editorial Palabra. Quince años después, ve la luz esta reedición en la editorial Cobel. Como complemento, se publica también ahora la versión digital, a la venta en las plataformas de iTunes y Amazon.

   Se trata de un recorrido en oración por el «Día de los días», ese domingo en que la tumba de un hombre (Jesús de Nazaret) fue abierta desde dentro. No era sólo la puerta de un sepulcro la que se abría: la Historia misma se rasgaba y quedaba abierta para siempre hacia lo eterno.

   El libro guiará al lector a través de ese «domingo sin ocaso», desde aquellas horas de madrugada, en las que un sepulcro vacío gritó la primera noticia, hasta las últimas horas de la noche, cuando en la mesa de los apóstoles se sentó a cenar con sus amigos el propio Jesús resucitado. Entre ambos momentos, tendrá lugar el encuentro de María Magdalena y los discípulos de Emaús con el Señor. Y en cada palabra, en cada gesto, se alumbrarán luces capaces de cambiar por completo nuestras vidas y abrirlas a Jesucristo, Señor del tiempo y de la eternidad.

   Esta reedición trata de ser un complemento a «Cristo en su Pasión», publicado el año pasado. La lectura de ambos libros introducirá al lector en los misterios centrales de nuestra Fe: la muerte y resurrección de Cristo.

   Podéis adquirir la edición en papel en la editorial Cobel por el precio de 16,95 €

   La edición digital de iTunes podéis obtenerla por el precio de 3,49 €

   La edición digital de Amazon está disponible al precio de 3,49 €

   Confío en que este nuevo lanzamiento de «La resurrección del Señor» pueda ayudaros a vivir esta Pascua y a disfrutar de toda su alegría durante los cincuenta en que la Iglesia saborea las luces emanadas del costado abierto de Jesús resucitado.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

Javier Cercas, «El Impostor», y el poder salvador de la verdad

   El Impostor, de Javier Cercas (Random House, 2014), encabeza, a día de hoy, la lista de libros de ficción más vendidos en España. Cualquier amante de la buena literatura y de la lengua de Cervantes debería felicitarse por ello. Es una obra escrita en un delicioso español. Su estilo es ágil, limpio, elegante y –sobre todo– muy sugerente. Logra decir muy bien lo que dice, y, por el camino, alumbrar mundos como quien abre ventanas. Javier Cercas es un magnífico escritor.

   Aunque el libro asegura tener como motivo central a Enric Marco, el hombre que durante años escaló puestos en la sociedad española haciéndose pasar por víctima de los campos de concentración nazis y por combatiente republicano y antifranquista, no estoy seguro de que sea él el personaje principal de la obra. Ni siquiera, después de haber leído el libro, me atrevería a asegurar que la fuerza acusadora de su título acabe siendo monopolio de Marco. Al menos, tal y como se concibe en la mente del autor. Y es que Cercas comparte protagonismo con Enric Marco, habita en su mismo drama, y se siente acechado por los mismos fantasmas que su personaje. Su mundo interior es tan poderoso y omnipresente que pudiera decirse que es él el auténtico protagonista de su obra. Cercas es un escritor unamuniano, atormentado y trágico, que traslada su drama personal a la obra que escribe como si fuera la atmósfera en la que todo se desarrolla. Y este drama me ha parecido tan real, tan sugerente y humano, que, cuando he querido darme cuenta, lo que me movía a pasar ávidamente las páginas del libro no era la historia de Enric Marco, sino el misterio interior de Javier Cercas. Marco ha sido la excusa, el río en el que –según la imagen empleada por el autor– Cercas, como Narciso, ha contemplado su propia imagen. Confío en que, por esta vez, cambie el destino del mito, y esa contemplación haya sido para vida, no para muerte.

   El Impostor, más que una novela o una biografía, es todo un tratado sobre la verdad. Mejor dicho, es un tratado sobre el modo en que Cercas se enfrenta a la verdad, tomando como apoyo la farsa ideada por Marco. El novelista está del todo insatisfecho de su vida; no sólo de la suya propia, sino también de la vida en general, y por eso la rehace a la medida de sus deseos, mediante las palabras, en una ficción novelesca: como al Narciso del mito y al Marco real, al novelista la realidad le mata y la ficción le salva, porque la ficción no es a menudo más que un modo de enmascarar la realidad, un modo de protegerse o incluso de curarse de ella[1]. A lo largo de toda la obra, la misma idea aflora una y otra vez como estribillo, casi como obsesión: la verdad mata, la ficción salva. Para ilustrarla, y tomando pie en la vida de Marco, el escritor recurre al personaje de Don Quijote. Su ficción –su locura– le dio vida, mientras que el momento de su regreso a la verdad fue el momento de su muerte. En lo que creo que se equivoca es en identificar a Marco con Don Quijote. La imagen hubiera sido acertada si Marco hubiese sido el protagonista único del libro. Pero, en ese «cara a cara» entre Marco y Cercas, Marco no es sino Sancho Panza. Cercas es el verdadero Quijote, necesitado de un dócil escudero en el que apoyarse para desfacer su entuerto personal. Ese escudero, Marco, acaba dominado y sometido al autor. Su farsa es su compensación literaria, su ínsula Barataria. Pero el verdadero caballero andante es Javier.

   «La verdad mata, la ficción salva». Pero Cercas quiere salvar a su personaje con la verdad. En un diálogo ficticio entre ambos, el autor le confiesa: Al principio sólo quería comprenderle, pero ahora, a ratos, una parte de mí ya no se conforma con eso; o es la impresión que tengo. Ahora oigo una vocecita que me dice: ¿y por qué no tratar de salvarlo?[2] Paradójicamente, quien ha afirmado el poder mortífero de la verdad desea salvar con ella a quien, mediante la ficción, se ha dado vida a sí mismo. No hay contradicción en ello. Al contrario: en estas palabras se vislumbra la salida al drama vital de Cercas, la clave para que la verdad, en lugar de matar, pueda salvar a un hombre. Esa clave, esa llave que puede abrir la mazmorra de la verdad y librarla de su condena, es la comprensión. Cuando la verdad se comprende, se alumbra la vida.

   He aquí la verdadera cuestión de fondo en toda la obra. Para llegar a ella, debemos comenzar por despojar de su carácter categórico al terrible axioma: «la verdad mata». Más bien, tendremos que decir que algunas personas –el autor es una de ellas– experimentan la verdad como muerte, es decir, se sienten morir en la verdad. La realidad es, para ellos, un laberinto en el que no encuentran salida –no logran comprender–, y el resultado de esa experiencia es la angustia. La ficción, entonces, se muestra como el modo «lícito» de escapar del laberinto. Escribo «lícito» y lo subrayo, porque así lo hace el autor. La mentira –Marco– es ilícita, la ficción –Javier– es lícita y salva. El novelista tiene licencia para mentir, y mintiendo se salva a sí mismo y a los demás. El problema es que usted no era un novelista –le increpa el autor a Marco en ese diálogo ficticio–, y que el novelista puede engañar, pero usted no. La ficción es, en el pensamiento de Cercas, el modo de superar la dramática oposición verdad–mentira. Ante la alternativa de tener que enfrentarse a una verdad que mata o tener que caer en la miseria moral de la mentira y perderse de igual forma, la salida es la ficción. Más que salida, es un escape: cuando uno no logra comprender la realidad, la ficción le permite crear una realidad paralela, confeccionada a su medida, y, por tanto, comprensible y controlable. Uno no se siente perdido en la ficción, porque, en la ficción, uno es Dios, creador y dueño de todas las cosas. ¡Ah, y, también, último criterio de verdad!

   En este punto es donde Cercas y Marco se distancian, y donde a Marco le sienta bien la armadura del Quijote. Él lleva ventaja al escritor, porque ha recorrido hasta el final el «camino salvador» de la ficción. Y ese camino ha terminado devolviéndole, de manera traumática, al laberinto de la verdad. Ahora Marco es Don Quijote. Y, de regreso a la cordura, su siguiente movimiento será terrible: asumir que la verdad mata, y asumir esa muerte de modo heroico.

   Cercas tiene el espíritu de Unamuno: quiere salvarse, quiere sobrevivir, no quiere morir. Pero nada peor podría sucederle que tener ante sí a quien ha llevado hasta el final su lema –«la ficción salva»– y ha fracasado. Quitárselo de encima por la vía de distinguir entre ficción y mentira no es bastante. Cercas no está satisfecho, y quiere comprenderlo. Quiere, a pesar de todo, buscar salvación en la verdad. ¿La hay?

   La hay. Pero, para encontrarla, primero es preciso reconocer el propio fracaso, la propia incapacidad de hallar la salida del laberinto. Eso es también situarse en la verdad, en la de uno mismo. Y tiene otro nombre: humildad. En palabras de Santa Teresa, humildad es «andar en verdad». El humilde se sitúa ante la verdad del mundo y ante su propia verdad para reconocer que la realidad le desborda, que él es pequeño y no puede orientarse a sí mismo, que necesita ayuda. Sólo el humilde es capaz de reconocer que su visión de la realidad no es completa, que no lo ve todo, ni lo sabe todo, ni llegará a saberlo todo si cuenta sólo con sus capacidades. Sólo el humilde es capaz de sacar partido a la ficción, y darse cuenta de que, mejor que refugiarse en un mundo ficticio en el que él es Dios, le ayudará admitir la posibilidad de un Dios superior a él, un Dueño de todo que comprende la realidad porque la ha creado. Dios es el gran novelista, el único que escribe su novela con la verdad. Y yo soy una pequeña parte de esa verdad. Sólo el humilde es capaz de realizar un acto de fe. Ahora escribo «fe» no como la profesión ciega de unas verdades aprendidas, sino como «confianza», esa actitud por la que uno se fía de quien sabe más que él. Estoy hablando de la importancia, no sólo de creer que hay Dios, sino de fiarse de Él para encontrar la salida. Eso conlleva creer que ese Dios me ama. De un Dios que no me amase no sería capaz de fiarme.

   Es ese Dios, Creador y Dueño de todo, quien, viendo al hombre perdido en una verdad que se le había vuelto laberinto y muerte, ha decidido encarnarse, venir Él mismo a la Tierra y proclamar: Yo soy la verdad[3], es decir, la salvación. Y, para todos los Javier Cercas que han tenido la nobleza de tomarse en serio su vida y se han visto incapaces de comprender la realidad; para todos los que, derrotados, se escapaban hacia la ficción o hacia la mentira, ha gritado: «¡No desistáis!», La verdad os hará libres[4].

   Ahora, emulando al autor de El Impostor, soy yo quien imagino frente a mí a Javier Cercas, y me parece que le escuchara increparme: «¡Usted es como yo! También usted ha escogido la ficción. Al fin y al cabo, ¿qué es la religión, sino una ficción institucionalizada para salvar al hombre? La única diferencia entre nosotros es que yo admito que mi ficción es mentira, mientras usted y quienes son como usted se creen su ficción, y llevan siglos queriendo que la creamos los demás. Sálvese usted con su ficción, y déjeme a mí salvarme con la mía».

   No negaré que, en ocasiones, ese pensamiento me ha atormentado. La fe lleva incorporada su dosis de duda, de vértigo. Sin embargo, no hay en ella ni un gramo de ficción. La ficción, como la mentira, es la antítesis de la fe. Y es que la esencia misma de la fe se alcanza cuando uno renuncia a poseer la verdad y, simplemente, se deja iluminar por ella como por una luz que le desborda, le sobrecoge, y le muestra el sentido de lo que hasta entonces no le parecían sino sombras. La fe muestra vida en la misma muerte. Y, bajo esa luz, la propia muerte, asumida por Dios encarnado, se presenta como la puerta de la vida… La salida del laberinto. Cuando se mira con fe a un crucifijo, se pierde el miedo a la verdad.

   Ahora podría Javier Cercas preguntarme: «¿Y cómo está usted seguro de que todo eso no es ficción? Porque lo que usted ha hecho en el párrafo anterior es mostrarme la coherencia interna de su mundo. Mis mundos también tienen su coherencia. Pero dígame cómo está usted seguro de que ese mundo tiene la densidad de lo real». Entonces le contestaría sin dudar: Porque me sostiene. Porque, antes de mí, ha habido santos y mártires a quienes también ha sostenido. Porque soy feliz, como lo han sido ellos. Y la ficción no hace felices a los hombres, sólo los duerme. Únicamente la verdad puede alumbrar vida y gozo en el hombre. Se puede fingir el placer, o puede uno aparentar buen humor. Pero la felicidad no puede fingirse; es patrimonio de la verdad. El agua de las novelas puede entretener mi imaginación, pero jamás podrá calmar mi sed.

   Si tuviera delante a Javier Cercas, o si pensase que él pudiese leer estas líneas, además de darle las gracias y felicitarle por su obra, le diría: «¡No te rindas, Javier! No dejes de buscar vida en la verdad; no desistas. Porque Pablo, y Agustín, y Edith Stein, y Chesterton, y Frossard no desistieron, buscaron incansablemente salvación en la verdad, y la encontraron. El amor a la verdad, aún cuando la verdad se muestre como muerte, es el camino seguro para encontrar a quien realmente da vida, y la da en abundancia[5]».

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

[1] Parte 2, cap. 7

[2] Parte 2, cap. 8

[3] Jn 14, 6

[4] Jn 8, 32

[5] Cf. Jn 10, 10

Guía para ejercicios espirituales

   Esta «Guía para ejercicios espirituales» es, exactamente, lo que su propio nombre indica. No pretende ser un libro de lectura espiritual, en sentido amplio, sino un apoyo para aquellas personas que se retiran durante unos días a hablar con Dios, con la asistencia de un predicador. Pretenden estas páginas servir de ayuda a la oración durante los tiempos de silencio que ocupan la mayor parte de una jornada de ejercicios. Por eso, la «Guía» sigue, a grandes rasgos, el itinerario marcado por San Ignacio para esa práctica iniciada por él, y que durante siglos ha transformado la vida de miles de cristianos.

   El libro está pensado para que pueda usarse en tandas de ejercicios de 10, 5, 3 y 2 días, por ser las duraciones más frecuentes, pero puede adaptarse a tiempos distintos si fuera necesario. Su forma es la de guiones, o pequeños puntos de meditación, agrupados en torno a un texto bíblico y distribuidos a lo largo de las etapas que abarcan los ejercicios. Cada uno de los puntos puede leerse en apenas uno o dos minutos. El resto queda para el diálogo íntimo y fecundo entre el lector y Dios.

   La guía se publica en dos formatos, digital y libro de papel. Las versiones difieren ligeramente, y salen a la venta con títulos distintos.

Guía para ejercicios espirituales

   1.- La versión digital: la tenéis disponible en las plataformas de Apple y Amazon, como viene siendo habitual. Su título es «Guía para ejercicios espirituales». Frente a la versión en papel, tiene dos ventajas: su precio de 2,99€ y la facilidad con que el formato digital permite la adaptación de los ejercicios a la duración deseada. No es preciso acudir al índice cada vez que se desee realizar una meditación. Basta con elegir, a principio de los ejercicios, la duración de los mismos, y las meditaciones quedan inmediatamente ordenadas.

Guía para ejercicios espirituales

   2.- La versión en papel: se publica con el título «En días de retiro». La principal ventaja de esta edición es el extraordinario trabajo de la editorial Cobel. Como todo lo que ellos hacen, se trata de una edición muy cuidada y de fácil manejo. Otra ventaja es la de poder prescindir del soporte digital durante los días de ejercicios. Ya sabemos la facilidad con que los modernos libros electrónicos (sean iPad, kindle, o cualquier otro) se conectan a Internet cuando menos te lo esperas y empiezan a descargar el correo, los sms y toneladas de whatsapp. Durante una tanda de ejercicios, semejante intrusión puede tener efectos letales.

   En fin… Cada cual elija. Ahí os dejo las dos versiones, y os recomiendo, sobre todo, que –con o sin la «Guía»– realicéis ejercicios espirituales todos los años. El alma lo necesita.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

Cristo en su pasión: un parto adelantado, pero no prematuro

Cristo en su pasión                                       portadapapel

    Gracias al magnífico trabajo de la editorial Cobel, puedo ofreceros desde hoy, con casi dos semanas de adelanto sobre la fecha prevista, el libro «Cristo en su pasión».

    Muchos años de oración, y un año de trabajo para plasmar en palabras cuanto he podido de esa oración. Ésa ha sido la pequeña parte que yo he procurado aportar en el libro que ahora os presento. Confío en que Dios haya hecho el resto, y con esa confianza, además de la que tengo depositada en que pueda alumbrar claridades en las almas a través de esta obra, os ofrezco « Cristo en su pasión ».

    Si deseáis adquirir la versión impresa, podéis hacerlo desde este enlace. También podéis adquirir la edición en formato epub de la iBookstore de Apple -o descargar un adelanto gratuito de 20 páginas- desde aquí. La versión electrónica para otros soportes está disponible en Amazon.

    De momento, os dejo con la introducción del libro, y os invito a leerlo entero durante la próxima Cuaresma.

INTRODUCCIÓN

    Se ha dicho algunas veces que los evangelios no son sino relatos de la Pasión de Cristo con un prólogo más o menos largo. Cualquiera que haya entrado en la meditación sosegada y fervorosa de las horas que median entre la noche del Jueves Santo y la media tarde del Viernes entenderá que esas narraciones no constituyen un mero «desenlace» de los evangelios, a modo de capítulos finales. Más bien, esas horas terribles y dramáticas son el foco central donde confluyen y cobran sentido todos los episodios de la vida de Cristo, desde su nacimiento en Belén hasta su triunfal entrada en Jerusalén a lomos de un pollino. No sólo eso: la Escritura entera desvela sus luces más profundas a la luz de cuanto sucedió en el Gólgota. Podría decirse que la misma Biblia no es sino un prólogo a los relatos de la Pasión. Si acudimos a san Pablo, aún nos atreveremos a ir más allá: la Creación entera, hombres y animales, vientos y nubes, los astros, los planetas y sus satélites… Todo confluye en la Cruz de Cristo. Esa Cruz es el centro del Cosmos.

    No se puede ser realmente cristiano sin sumergirse en esas sagradas horas, bañarse en ellas y dejar que penetren en los pliegues más secretos de la vida. Es preciso meditarlas despacio, llorar con ellas, adentrarse en cada latido del corazón de Cristo y en cada una de sus lágrimas hasta llegar a tocar el Amor de Dios. Porque ha sido allí, en el Calvario, donde todo el Amor de Dios se ha derramado sobre los hombres.

    Las páginas que siguen han brotado de mi oración personal. Son mis soledades ante Cristo crucificado las que están plasmadas en este libro. Al ponerlas por escrito y ofrecerlas a quien quiera tomar parte en ellas, me sitúo en el papel de quien se ha adentrado en una cueva y narra cuanto en ella ve. No puedo suplir la oración personal del lector. Simplemente, trato de animarlo, con mi narración, a que él también entre sin miedo y se sitúe ante ese Jesús paciente que ha ofrecido su vida por cada uno de nosotros. Por eso le pido a Dios que quien lea este libro no se conforme con conocer mi relato, sino que se sienta animado a adentrarse personalmente en esta noche y alcanzar su propia intimidad con Cristo junto a la Cruz.

    El ritmo del libro adopta la propia cadencia de los sucesos que relata. En sus comienzos, que se sitúan en la Última Cena y en las palabras que Jesús pronunció como despedida de los suyos, dedico más espacio a la meditación del discurso del Señor. Conforme Jesús se adentra en la noche y camina entre padecimientos y angustias, su voz se irá apagando, y por eso el relato irá siendo menos discursivo y más narrativo, hasta llegar a asemejarse a una narración «novelada». He introducido algunos elementos y personajes no históricos; espero que el lector sabrá comprenderlo. Cuando uno trata de vivir en oración la Pasión de Cristo, la imaginación juega un papel esencial a la hora de atar cabos, y deja de ser la «loca de la casa» para convertirse en sierva de la contemplación. No pretendo afirmar que esos personajes hayan existido, ni que las cosas se hayan desarrollado exactamente así. Simplemente, ofrezco esos detalles de mi oración porque me han sido útiles a la hora de entender cuanto sucedió.

    Es hora de comenzar el camino. Como última recomendación antes de partir, permítame el lector que le aconseje leer las páginas que siguen habiendo realizado un acto de presencia de Dios. Lo que está escrito en oración sólo puede entenderse correctamente si se lee también en oración.

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José-Fernando Rey Ballesteros, pbro.

(Introducción del libro « Cristo en su pasión »)